Este programa ilustra muy bien la fusión de géneros que se da en la Neo-televisión. Según Gerard Imbert una de las principales características de los nuevos programas televisivos es que no se puede distinguir claramente entre información y espectáculo, ya no hay ninguna jerarquización, ni temática ni intelectual. Se rompe con los géneros y con la distinción entre cultura popular y cultura de élite.[1]
Gran Hermano se puede definir como un programa de televigilancia que trata de poner de manifiesto el poder del medio: su poder de verlo todo (hasta la intimidad de la convivencia en una casa) y de poder mostrarlo continuamente sin interrupciones y en rigurosísimo directo.
En su comienzo se plantea como una especie de experimento sociológico que permite observar el comportamiento de diferentes personas conviviendo en una casa durante meses sin contacto con el exterior. Aunque todo ello en realidad no es más que un espectáculo fabricado con la etiqueta de “realidad” para televisión. En este sentido estaría más relacionado con el reality show, es una espectacularización de la realidad. El tema de la convivencia en una casa está también relacionado con las sitcoms, en las que se crea un entorno familiar y en las que los protagonistas son personas corrientes que viven una vida cotidiana.
Por otro lado, los concursantes pueden ir al “confesionario” de la casa (heredero de la tradición católica) y desde allí, como en un talk show, hablar de sus sensaciones, preocupaciones, sentimientos, pueden llorar y desahogarse, quejarse de sus compañeros, etc., todo ello delante de una cámara a modo de psicoanálisis. Es éste uno de los aspectos donde más se ridiculiza la intimidad y se aplaude el voyeurismo.
También es un concurso, ya que los participantes se van eliminando los unos a los otros y sólo uno será el ganador. Además las pruebas que tienen que superar semanalmente son similares a las de otros concursos basados en la habilidad de los concursantes. En este caso la recompensa obtenida por superar la prueba será el dinero para realizar la compra de la semana.
Fuera de la casa, en un plató de televisión, se realiza un programa especial una vez a la semana, “la gala”, en el que se utilizan técnicas y géneros periodísticos con fines espectaculares. El presentador o presentadora (Mercedes Milá y Pepe Navarro en la tercera edición) comenta diferentes sucesos que han tenido lugar dentro de la casa en la última semana. Se crea una especie de talk show en el que participan familiares y amigos de los concursantes y otros participantes ya expulsados. A veces incluso intervienen especialistas en diversas áreas como psicólogos o sociólogos, degradando al máximo la categoría de lo informativo.
Cuando un concursante sale de la casa, es recogido en la puerta por un reportero (Fernando Acaso, Paula Vázquez, Jorge Fernández u Oscar Martínez) que le hace unas primeras preguntas para captar, en rigurosísimo directo, las primeras impresiones del expulsado. Una vez trasladado al plató, éste es sometido a una entrevista más exhaustiva. La utilización de presentadores que cuentan con un reconocido prestigio dentro del periodismo contribuye a diluir definitivamente las fronteras entre información y espectáculo.
En los resúmenes diarios un presentador (Fernando Acaso, Paula Vázquez, Jorge Fernández, Carolina Ferre u Oscar Martínez) muestra fragmentos de lo ocurrido dentro de la casa. Se hace un seguimiento exhaustivo de los hechos acontecidos a modo de informativo.
A partir de la cuarta edición se empieza a emitir semanalmente “el debate de Gran Hermano”. Entre los contertulios de este debate se encuentran periodistas especializados en prensa rosa y otros concursantes anteriores del concurso. El debate es moderado por Jesús Vázquez y posteriormente por Jordi González.Una vez finalizado el concurso, los participantes de Gran Hermano, siguen saliendo en una serie de programas ya convertidos en personajes televisivos. Podrán ser entrevistados en programas de prensa rosa como personajes famosos, o incluso podrán participar desde el otro lado, como contertulios o entrevistadores de otros “famosos”.
[1] Imbert, G: “La hipervisibilidad televisiva. Nuevos imaginarios/nuevos rituales comunicativos”. En: Televisión y cotidianidad (la función social de la televisión en el nuevo milenio). Instituto de Cultura y Tecnología “Miguel de Unamuno”. Departamento de Humanidades y Comunicación. Universidad Carlos III de Madrid. 1999, p.53.
Gran Hermano se puede definir como un programa de televigilancia que trata de poner de manifiesto el poder del medio: su poder de verlo todo (hasta la intimidad de la convivencia en una casa) y de poder mostrarlo continuamente sin interrupciones y en rigurosísimo directo.
En su comienzo se plantea como una especie de experimento sociológico que permite observar el comportamiento de diferentes personas conviviendo en una casa durante meses sin contacto con el exterior. Aunque todo ello en realidad no es más que un espectáculo fabricado con la etiqueta de “realidad” para televisión. En este sentido estaría más relacionado con el reality show, es una espectacularización de la realidad. El tema de la convivencia en una casa está también relacionado con las sitcoms, en las que se crea un entorno familiar y en las que los protagonistas son personas corrientes que viven una vida cotidiana.
Por otro lado, los concursantes pueden ir al “confesionario” de la casa (heredero de la tradición católica) y desde allí, como en un talk show, hablar de sus sensaciones, preocupaciones, sentimientos, pueden llorar y desahogarse, quejarse de sus compañeros, etc., todo ello delante de una cámara a modo de psicoanálisis. Es éste uno de los aspectos donde más se ridiculiza la intimidad y se aplaude el voyeurismo.
También es un concurso, ya que los participantes se van eliminando los unos a los otros y sólo uno será el ganador. Además las pruebas que tienen que superar semanalmente son similares a las de otros concursos basados en la habilidad de los concursantes. En este caso la recompensa obtenida por superar la prueba será el dinero para realizar la compra de la semana.
Fuera de la casa, en un plató de televisión, se realiza un programa especial una vez a la semana, “la gala”, en el que se utilizan técnicas y géneros periodísticos con fines espectaculares. El presentador o presentadora (Mercedes Milá y Pepe Navarro en la tercera edición) comenta diferentes sucesos que han tenido lugar dentro de la casa en la última semana. Se crea una especie de talk show en el que participan familiares y amigos de los concursantes y otros participantes ya expulsados. A veces incluso intervienen especialistas en diversas áreas como psicólogos o sociólogos, degradando al máximo la categoría de lo informativo.
Cuando un concursante sale de la casa, es recogido en la puerta por un reportero (Fernando Acaso, Paula Vázquez, Jorge Fernández u Oscar Martínez) que le hace unas primeras preguntas para captar, en rigurosísimo directo, las primeras impresiones del expulsado. Una vez trasladado al plató, éste es sometido a una entrevista más exhaustiva. La utilización de presentadores que cuentan con un reconocido prestigio dentro del periodismo contribuye a diluir definitivamente las fronteras entre información y espectáculo.
En los resúmenes diarios un presentador (Fernando Acaso, Paula Vázquez, Jorge Fernández, Carolina Ferre u Oscar Martínez) muestra fragmentos de lo ocurrido dentro de la casa. Se hace un seguimiento exhaustivo de los hechos acontecidos a modo de informativo.
A partir de la cuarta edición se empieza a emitir semanalmente “el debate de Gran Hermano”. Entre los contertulios de este debate se encuentran periodistas especializados en prensa rosa y otros concursantes anteriores del concurso. El debate es moderado por Jesús Vázquez y posteriormente por Jordi González.Una vez finalizado el concurso, los participantes de Gran Hermano, siguen saliendo en una serie de programas ya convertidos en personajes televisivos. Podrán ser entrevistados en programas de prensa rosa como personajes famosos, o incluso podrán participar desde el otro lado, como contertulios o entrevistadores de otros “famosos”.
[1] Imbert, G: “La hipervisibilidad televisiva. Nuevos imaginarios/nuevos rituales comunicativos”. En: Televisión y cotidianidad (la función social de la televisión en el nuevo milenio). Instituto de Cultura y Tecnología “Miguel de Unamuno”. Departamento de Humanidades y Comunicación. Universidad Carlos III de Madrid. 1999, p.53.
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