(en el catálogo de la exposición, 2001)
La propuesta de Santiago Sierra investiga las posibilidades más sórdidas de obtener un salario. Es una obra que se basa en una fuerte crítica al sistema económico capitalista, a su escala de clases y de razas. Santiago indaga al salario en su forma más descarnada: crea actividades en las que el ocio determina la suma monetaria a percibir sin que de ella emane actividad productiva alguna, corresponde a la simple venta del tiempo sin permitir que lecturas ideológicas o éticas se interpongan en el acto. Cada una de sus acciones está perversamente diseñada: toma en cuenta el salario real del área geopolítica donde se desarrollará la obra, las jerarquías sociales de sus habitantes y sus características raciales. En México, país donde reside, Sierra ha insistido en localizar trabajadores masculinos, morenos y de baja estatura; mientras que en Europa o Estados Unidos, dirige su mordacidad hacia grupos de inmigrantes bien sean africanos, latinos, asiáticos o, recientemente, hacia los europeos del Este.
Tal vez la más vejatoria, dura, de todas las investigaciones propuestas, es aquella que exige el cuerpo humano como único posible interlocutor en la obtención de la remuneración salarial. Sierra ha realizado tres distintas propuestas basadas en el acto de tatuar líneas perfectas sobre personas que, a cambio, reciben una remuneración aproximada al duplo del salario mínimo en cada uno de sus países. La primera línea tatuada fue vertical sobre la espalda de un obrero y se llevó a cabo en la ciudad de México en 1998. Posteriormente, en diciembre de 1999, Santiago, en colaboración con el espacio alternativo Aglutinador de la Habana, convocó a 6 hombres y, a cambio de una suma monetaria bastante significativa para los estándares económicos de la isla, realizó una línea horizontal que unía a cada cuerpo con el siguiente. La más reciente versión de la línea tatuada se realizó sobre cuatro mujeres que obtienen el sustento económico como prostitutas en la ciudad de Salamanca y, al mismo tiempo, son adictas a la heroína. Ya Sierra había abordado el tema en una acción paralela a la Bienal de la Habana donde ofreció una remuneración equiparada al salario que recibe una prostituta por una noche de trabajo, pero en la pieza exhibida en el Reina Sofia de Madrid, las mujeres tatuadas han simplemente priorizado la obtención del salario por sobre la actividad económica misma, en el acto más revelador, demostrativo y devastador que el artista ha recibido de su propuesta artística; entre el salario que devengan las prostitutas por su actividad económica y el precio que deben pagar para satisfacer sus placeres adictos hay una gran diferencia: por cada mamada perciben entre 2000 y 3000 pesetas pero, por cada dosis de heroína, las muchachas deben pagar entre 4 y 6 veces más de lo que ganan en las calles, 12000 pesetas. La documentación fotográfica de esta acción transluce -por primera vez en la obra de Sierra- el gesto de dolor que una de las participantes muestra al observar el proceso de tatuar el cuerpo de la compañera; el hecho social rebasó al proceso de obtención abstracto de un salario, también al artista mismo.
Persona remunerada para permanecer atada a un bloque de madera.
Centro de Arte Santa Mónica, Barcelona 2001.
Por Santiago Sierra
Una mujer contratada a tal efecto estuvo sentada en un bloque de madera y atada en él por un tobillo por cuatro horas diarias durante una semana. El pago, de 15.000 pesetas al día, fue realizado diariamente al concluir la sesión de trabajo. La acción se llevó a cabo en una sala aislada, sin presencia de público, del Centro de Arte Santa Mónica. Lo único perceptible durante la muestra fueron las cuerdas que unieron el bloque de madera con una de las columnas del patio central de este centro de arte, atravesando en su recorrido diferentes elementos arquitectónicos.
Tras la semana de trabajo, un video documental de lo sucedido junto a un texto explicativo y los restos objetuales de la acción, permanecieron en la sala hasta la conclusión de esta muestra colectiva.
Tal vez la más vejatoria, dura, de todas las investigaciones propuestas, es aquella que exige el cuerpo humano como único posible interlocutor en la obtención de la remuneración salarial. Sierra ha realizado tres distintas propuestas basadas en el acto de tatuar líneas perfectas sobre personas que, a cambio, reciben una remuneración aproximada al duplo del salario mínimo en cada uno de sus países. La primera línea tatuada fue vertical sobre la espalda de un obrero y se llevó a cabo en la ciudad de México en 1998. Posteriormente, en diciembre de 1999, Santiago, en colaboración con el espacio alternativo Aglutinador de la Habana, convocó a 6 hombres y, a cambio de una suma monetaria bastante significativa para los estándares económicos de la isla, realizó una línea horizontal que unía a cada cuerpo con el siguiente. La más reciente versión de la línea tatuada se realizó sobre cuatro mujeres que obtienen el sustento económico como prostitutas en la ciudad de Salamanca y, al mismo tiempo, son adictas a la heroína. Ya Sierra había abordado el tema en una acción paralela a la Bienal de la Habana donde ofreció una remuneración equiparada al salario que recibe una prostituta por una noche de trabajo, pero en la pieza exhibida en el Reina Sofia de Madrid, las mujeres tatuadas han simplemente priorizado la obtención del salario por sobre la actividad económica misma, en el acto más revelador, demostrativo y devastador que el artista ha recibido de su propuesta artística; entre el salario que devengan las prostitutas por su actividad económica y el precio que deben pagar para satisfacer sus placeres adictos hay una gran diferencia: por cada mamada perciben entre 2000 y 3000 pesetas pero, por cada dosis de heroína, las muchachas deben pagar entre 4 y 6 veces más de lo que ganan en las calles, 12000 pesetas. La documentación fotográfica de esta acción transluce -por primera vez en la obra de Sierra- el gesto de dolor que una de las participantes muestra al observar el proceso de tatuar el cuerpo de la compañera; el hecho social rebasó al proceso de obtención abstracto de un salario, también al artista mismo.
Persona remunerada para permanecer atada a un bloque de madera.
Centro de Arte Santa Mónica, Barcelona 2001.
Por Santiago Sierra
Una mujer contratada a tal efecto estuvo sentada en un bloque de madera y atada en él por un tobillo por cuatro horas diarias durante una semana. El pago, de 15.000 pesetas al día, fue realizado diariamente al concluir la sesión de trabajo. La acción se llevó a cabo en una sala aislada, sin presencia de público, del Centro de Arte Santa Mónica. Lo único perceptible durante la muestra fueron las cuerdas que unieron el bloque de madera con una de las columnas del patio central de este centro de arte, atravesando en su recorrido diferentes elementos arquitectónicos.
Tras la semana de trabajo, un video documental de lo sucedido junto a un texto explicativo y los restos objetuales de la acción, permanecieron en la sala hasta la conclusión de esta muestra colectiva.

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