En el libro hay numerosas alusiones a la velocidad, a los kilómetros que recorren y al tiempo que tardan en hacerlo, como si quisiesen batir un récord. No hay que perder ni un segundo, hay que aprovechar la vida a tope y moverse de un sitio a otro sin parar.
Un buen ejemplo donde puede verse esa especie de obsesión por la velocidad es el siguiente:
“Habíamos ido de Denver a Chicago, pasando por el rancho de Ed Wall, en total unos 1.300 kilómetros, en exactamente diecisiete horas, sin contar las dos horas en la zanja, las tres en el rancho y las dos en la comisaría de policía de Newton, Iowa, lo que significa una media de unos ciento treinta kilómetros por hora, con un solo conductor. Lo que constituye una especie de récord demente.” (p.297)
Otras veces, cuenta un largo viaje con sólo un párrafo nombrando los sitios por donde pasa y el momento del día en que lo hace, por ejemplo en su primer viaje desde Denver hasta San Francisco:
“El viaje de Denver a Frisco fue tranquilo salvo que mi corazón se agitaba más a medida que nos acercábamos. Cheyenne de nuevo, esta vez por la tarde, y luego el Oeste pasada la cordillera; cruzamos la divisoria a medianoche, por Creston, llegando a Salt Lake City al amanecer (…) después llegamos a Nevada bajo el sol ardiente, Reno al caer la noche, y sus sinuosas calles chinas; después Sierra Nevada arriba, pinos, estrellas albergues de montaña anunciándome aventuras amorosas en Frisco (…) y enseguida el propio Truckee, el acogedor Truckee, y después colina abajo hasta las llanuras de Sacramento por una superautopista: en las montañas otra vez; arriba, abajo; y de repente la vasta extensión de la bahía (esto era justo antes del alba) con las dormidas luces de Frisco como una guirnalda. En el puente de la bahía de Oakland me dormí profundamente por primera vez desde Denver; así que me desperté bruscamente en la estación de autobuses de Marker y Cuarta recordando entonces que estaba a más de cinco mil Kilómetros de la casa de mi tía en Paterson, Nueva Jersey”. (p.91)
Un buen ejemplo donde puede verse esa especie de obsesión por la velocidad es el siguiente:
“Habíamos ido de Denver a Chicago, pasando por el rancho de Ed Wall, en total unos 1.300 kilómetros, en exactamente diecisiete horas, sin contar las dos horas en la zanja, las tres en el rancho y las dos en la comisaría de policía de Newton, Iowa, lo que significa una media de unos ciento treinta kilómetros por hora, con un solo conductor. Lo que constituye una especie de récord demente.” (p.297)
Otras veces, cuenta un largo viaje con sólo un párrafo nombrando los sitios por donde pasa y el momento del día en que lo hace, por ejemplo en su primer viaje desde Denver hasta San Francisco:
“El viaje de Denver a Frisco fue tranquilo salvo que mi corazón se agitaba más a medida que nos acercábamos. Cheyenne de nuevo, esta vez por la tarde, y luego el Oeste pasada la cordillera; cruzamos la divisoria a medianoche, por Creston, llegando a Salt Lake City al amanecer (…) después llegamos a Nevada bajo el sol ardiente, Reno al caer la noche, y sus sinuosas calles chinas; después Sierra Nevada arriba, pinos, estrellas albergues de montaña anunciándome aventuras amorosas en Frisco (…) y enseguida el propio Truckee, el acogedor Truckee, y después colina abajo hasta las llanuras de Sacramento por una superautopista: en las montañas otra vez; arriba, abajo; y de repente la vasta extensión de la bahía (esto era justo antes del alba) con las dormidas luces de Frisco como una guirnalda. En el puente de la bahía de Oakland me dormí profundamente por primera vez desde Denver; así que me desperté bruscamente en la estación de autobuses de Marker y Cuarta recordando entonces que estaba a más de cinco mil Kilómetros de la casa de mi tía en Paterson, Nueva Jersey”. (p.91)
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